Logotipo de la Clínica Dental SALVADOR GARCÍA

La pérdida de uno o varios dientes provoca en nuestra boca grandes cambios tanto a nivel estético como funcional. Aunque a simple vista y en un primer momento la principal preocupación del paciente se centra en las alteraciones estéticas que dicha pérdida acarrea, las cuales pueden disminuir su autoestima y comprometer en cierta manera sus habilidades sociales, el resto de alteraciones funcionales no por menos evidentes y conocidas, deben ser menospreciadas.

            Entre los efectos “que no se ven” derivados de la pérdida de dientes, aparte de los más lógicos como pueden ser la dificultad para pronunciar ciertos fonemas y para la masticación y trituración de alimentos, destacan:

- Pérdida de hueso. El hueso donde estaba alojado el diente ausente comienza a atrofiarse inmediatamente después de la pérdida. El hueso alveolar necesita estimulación para mantener su forma y densidad, una estimulación que desaparece en el momento que no existe ninguna raíz del diente que la transmita. Cuando se pierde una pieza dental esta falta de estimulación causa una pérdida de la anchura, seguida de una disminución de la altura y, por último, del volumen del hueso lo cual inevitablemente afectará a la sujeción de los dientes cercanos.

- Disminución de la encía derivada de la reducción de hueso, con la consiguiente pérdida de estética y funcionalidad.

- Mayor desgaste del resto de piezas. La ausencia sobre todo de piezas posteriores (molares) conlleva dejar de masticar por el lado que haya sufrido la pérdida, forzando al resto de dientes a sobrecargarse por tener que suplir la función de la pieza dental perdida, provocando un mayor desgaste en la zona.

- Desgaste de la encía al tener que cumplir la función que en inicio haría el diente. Sufre más porque el alimento se deposita en el hueco dejado por el diente y, al masticar, el apoyo y la fuerza la realiza completamente la encía, con el consiguiente desgaste de la misma.

- Problemas en dientes adyacentes y antagonistas. Los primeros tienden a desplazarse hacia el espacio edéntulo y los segundos, además de perder su funcionalidad al carecer de diente opuesto contra el que masticar, sufren una sobreerupción al tratar de recuperar un contacto en oclusión que nunca va a producirse. Si los opuestos al hueco están en la arcada superior, este hecho puede provocar una exposición del cuello del diente al salirse del hueso y de la encía, con la consecuente hipersensibilidad y mayor riesgo de caries, por ser una zona no cubierta por esmalte y más susceptible al ataque ácido de las bacterias.

Por todo ello, es necesario enfatizar la importancia de reemplazar los dientes perdidos lo más rápidamente posible, porque cuanto menos tiempo dejemos pasar antes de sustituirlos, menores serán los problemas colaterales y su solución más rápida, sencilla y económica.

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